martes, 9 de marzo de 2010

Historia de una drogadicta



Ella era bella y drogadicta. Ahora tiene 19 años y sigue bella, morena. Va a contar su conversión en mujer en ese paraíso artificial.

Violeta creció en La Vega, un barrio histórico y popular de San Salvador. Amaba a su padre hasta que lo mataron, el 13 de mayo de 1994, día de la Virgen de Fátima. Lo mataron porque se opuso a un robo: el de su propio auto.

Cada músculo tiembla por droga, el cuerpo mismo es insoportable sin ese combustible, hasta que la adicción es más fuerte que el adicto. Para el drogadicto no hay caja segura.

Necesita dinero, rompe vidrios y candados, y las cosas de la casa comienzan a cambiar de dueños.

Primero desaparecieron las joyas de la madre de Violeta, luego la licuadora, las cosas de escritorio, vajillas y radios. Todo se fue para comprar droga.

Violeta entró en un mundo de calles pobladas por drogadictos de 9 años y jóvenes adictas que venden su vagina mientras cargan un recién nacido.

De noche, su madre salía a buscarla por las calles del Barrio La Vega, que nunca han sido seguras.

Violeta vivía explotando. La madre le decía lo difícil: "te quiero"; y la hija le gritaba "mentirosa, te voy a matar". Cada día era más difícil que el anterior: una vez, la madre tuvo que salvar a su hija del hermano que la estrangulaba.

[...]

La noche del diablo

Una noche, su novio de turno la llevó a las tierras baldías de la zona sur central de San Salvador, donde la droga se fuma, inyecta, traga, e inhala. Iban con un amigo, "El Enano".

El novio la llevó a una casa de lámina. Entraron. Adentro esperaban 20 hombres y un pandillero que Violeta reconoció por su apodo: "El Diablo".

Ella recordó que, semanas antes, 17 hombres habían violado a un amiga.

El terror le hizo ver el porvenir: "El Diablo" saldría, cerraría la champa por fuera y se quedaría custodiando; ella quedaría sola, con veinte hombres y su novio, quien cobraría 10 colones por coito.

Violeta corrió a la puerta y logró salir, acompañada por "el enano". Los persiguieron, pero el terror les daba agilidad.

Llegaron a calle pavimentada y siguieron corriendo, hasta llegar a una estación de la PNC. Los policías les permitieron pasar allí parte de la noche, pero ella recuerda que amaneció en las ramas de un árbol.

Un puñado de policías salieron a buscar a los perseguidores. Encontraron a algunos (incluyendo al novio) e hicieron lo recomendable: les curtieron los cuerpos con las cachiporras.

Violeta había escapado de un noche con demonios. Esa experiencia la convenció de ir a terapia en la Fundación Antidrogas de El Salvador (FUNDASALVA). Allí sigue.

Aquí os dejo la web, os animo a leer la historia completa, y a reflexionar sobre ella.
http://www.elsalvador.com/noticias/edicionesanteriores/noviembre29/NACIONAL/nacio2.html

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